Archive | noviembre 2012

“Querida incompresión”, cuando un recurso terapéutico se convierte en creación artística

“Sé, amiga incomprensión, que me comprendes. Porque en ti nace todo lo que me queda por descubrir. Porque  aquello que no se dice es todo aquello que uno de verdad siente”

El ejercicio terapéutico es altamente satisfactorio para el terapeuta cuando, además de ver los resultados en el paciente, la propia terapia evoluciona y toma sus propias formas.

Hace no mucho viví el caso de una chica dedicada al mundo de la interpretación y la danza que, después de contraer el VPH y tener que hacer un redescubrimiento de su entrega y dimensión como mujer, se planteó un cambio de orientación y objetivos. Empezó a preparar un espectáculo propio en el cual todavía está inmersa y que en breve, si dios quiere, verá la luz.

Tuvimos largas sesiones de terapia, muchas de ellas intentado profundizar en los porqués e intentando ligar las experiencias sufridas con un trabajo de comprensión e integración de los arquetipos subyacentes en cada una.

Un día me sorprendió gratamente con un escrito, espontáneo, que por su cuenta decidió hacer. En él relataba sus impresiones y sentimientos relacionados con su experiencia. El texto era bastante crudo, explícito y de una riqueza terapeutica muy grande.

Me sentí satisfecho porque, aparte de poner sobre el papel cosas que ni ella misma sabía que había puesto, hizo un ejercicio artístico interesante, de cierto nivel, que con pulido y revisión podía convertirse en algo. Le animé a escribir y recoger sus textos en un libro.

Tanto para los que damos como para los que recibimos terapia, estas experiencias son clarificadoras en cuanto a lo mucho que se puede avanzar de un modo amable y agradable.

Este es el escrito, que transcribo literalmente y sin corregir:

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El Hombre de Hojalata: arquetipos en El Mago de Oz -1-

“Cuando un hombre es una tetera vacía, debería estar con ánimo;
y sin embargo estoy destrozado…

Simplemente porque intuyo que podría ser algo parecido a un humano,
si solamente tuviera un corazón…”

 

Las artes están repletas de imágenes arquetípicas.
El psicólogo suizo Carl Gustav Jung introdujo el término “arquetipo” y lo definió como un símbolo de naturaleza universal, común a todas las culturas y épocas.
Una “imagen arquetípica” consiste en la materialización de dicho arquetipo, que existe básicamente en el mundo conceptual.

El Hombre de Hojalata se podría definir como una imagen arquetípica que representa al arquetipo del cuerpo emocional del ser humano, en proceso evolutivo. El cuerpo emocional son todas aquellas capacidades que tenemos para sentir, amar, valorar, disfrutar… a diferencia del cuerpo mental, más frio y de naturaleza dual, el cuerpo emocional se implica, se mezcla y se “quema” junto a aquello que le es afín.

Los seres humanos somos capaces de pensar, sentir y actuar. Mente, corazón e instinto. En El Mago de Oz, tanto en el libro como la película, están representados por el Espantapájaros, El Hombre de Hojalata y el León, respectivamente.

¿Qué ocurre cuando una de estas capacidades no está correctamente aplicada, se ha dejado de lado, o simplemente se han usado más las otras dos?
El el caso del cuerpo emocional, nos encontramos con una emocionalidad oxidada, rigidez en cuanto a la aceptación de sentimientos e ideas propias y ajenas, frustraciones, incapacidad para vibrar y sentir, emocionarse y querer, tener empatía e incluso ser correctamente asertivo.

Algo parecido a lo que le pasa al Hombre de Hojalata, pues lleva un año estático, quieto en la misma posición, hasta que Dorothy y el Espantapajaros le encuentran; y por ello anhela recuperar su corazón.

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